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Greenwashing estructural: el nuevo foco del supervisor europeo

Las autoridades financieras elevan la exigencia sobre la trazabilidad y consistencia del dato ESG

Las recientes iniciativas europeas de simplificación en materia de sostenibilidad, junto con el denominado stop-the-clock en la aplicación de la CSRD, han introducido un cambio relevante en el ritmo regulatorio. Sin alterar la dirección de fondo, sí han reducido la urgencia percibida por muchas compañías.

Este ajuste temporal puede tener una consecuencia no prevista: la relajación de la disciplina interna en torno al ESG.

Un cambio de foco en el riesgo ESG

Durante los últimos años, el debate sobre el greenwashing se ha centrado principalmente en el ámbito reputacional, asociado a prácticas de comunicación engañosa o a la utilización abusiva de etiquetas sostenibles. Sin embargo, el foco está evolucionando. El principal riesgo ya no reside únicamente en lo que se comunica, sino en la capacidad real de las organizaciones para sostener, con evidencia, aquello que reportan.

Se trata de un fenómeno más técnico que reputacional: una desconexión progresiva entre el dato ESG reportado y los procesos de negocio que deberían generarlo y validarlo.

Del greenwashing reputacional al greenwashing estructural

Este fenómeno puede definirse como una forma de “greenwashing estructural”, donde la vulnerabilidad no reside necesariamente en una comunicación intencionadamente engañosa, sino en la incapacidad de las organizaciones para demostrar, de forma consistente y trazable, cómo se genera, valida y supervisa el dato ESG utilizado en el reporting, en la comercialización de productos o en la toma de decisiones.

Gestión de activos: trazabilidad y riesgo de misselling

En el ámbito de la gestión de activos, la aplicación del SFDR ha puesto de relieve esta problemática. La clasificación de productos bajo los artículos 8 y 9 requiere no solo la definición de criterios ESG, sino su integración efectiva en los procesos de inversión. Distintas actuaciones supervisoras recientes han evidenciado limitaciones en la trazabilidad de los datos y en la capacidad de demostrar la aplicación sistemática de dichos criterios. En este contexto, emerge también el riesgo de misselling, en la medida en que la propuesta comercial puede no estar plenamente alineada con la robustez operativa de los procesos subyacentes.

Sector bancario: del diseño del producto a su ejecución

En el sector bancario, el foco se está desplazando desde el diseño de productos hacia su ejecución. En instrumentos como depósitos verdes o financiación etiquetada, la principal vulnerabilidad reside en la ausencia de mecanismos de trazabilidad que permitan verificar el uso efectivo de los fondos.

En la práctica, pueden observarse situaciones en las que los fondos captados bajo un producto “verde” no cuentan con una trazabilidad completa hasta su destino final, o en las que los mecanismos de seguimiento son insuficientes para garantizar que la asignación se mantiene alineada en el tiempo. A ello se suma la utilización de indicadores con niveles de exigencia limitados, que permiten cumplir formalmente con los objetivos sin generar un impacto material significativo.

El riesgo de greenwashing comienza así a desplazarse desde una dimensión puramente reputacional hacia una dimensión operativa y de control, con potencial impacto supervisor, comercial y jurídico.

Sector asegurador: coherencia entre posicionamiento y operación

Por su parte, el sector asegurador presenta una problemática específica. Más allá de los productos de ahorro, donde la lógica se aproxima a la gestión de activos, el riesgo de greenwashing se manifiesta principalmente en la coherencia entre el posicionamiento ESG y el funcionamiento interno de la entidad.

En particular, se identifican riesgos en la alineación entre las inversiones que respaldan las provisiones técnicas y los objetivos de sostenibilidad comunicados, así como en la incorporación efectiva de criterios ESG en la gestión de proveedores y en la cadena de suministro asociada a la prestación del servicio. En ambos casos, la ausencia de trazabilidad y control puede generar inconsistencias entre el discurso y la realidad operativa.

Gobierno, calidad y trazabilidad del dato ESG.

En la mayoría de los casos, estos riesgos no se materializan como incumplimientos explícitos, sino como deficiencias en la integración del ESG en el sistema de control interno. La falta de trazabilidad, la fragmentación de datos y la ausencia de mecanismos de validación sistemática limitan la capacidad de las organizaciones para sostener con evidencia la información reportada.

En muchos casos, el problema no deriva de la ausencia de información, sino de la inexistencia de un modelo de gobierno del dato ESG claramente definido, con responsabilidades asignadas, criterios homogéneos de validación y mecanismos de supervisión integrados en el sistema de control interno.

A ello se suma la creciente dependencia de proveedores externos de datos y ratings ESG, cuyos criterios metodológicos, niveles de cobertura y consistencia pueden diferir significativamente, incrementando el riesgo de inconsistencias en el reporting y en la toma de decisiones.

En paralelo, la creciente automatización de procesos de reporting y el uso de herramientas avanzadas de análisis incrementan la necesidad de garantizar la calidad, integridad y trazabilidad de los datos utilizados como base para la toma de decisiones.

La evolución supervisora hacia modelos de auditabilidad ESG

En este contexto, la evolución supervisora en Europa refuerza la relevancia de este debate. Las Autoridades Europeas de Supervisión —la Autoridad Europea de Seguros y Pensiones de Jubilación (EIOPA), la Autoridad Bancaria Europea (EBA) y la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA)—, junto con el Banco Central Europeo (BCE), están convergiendo en una misma línea: reforzar la integración de los riesgos de sostenibilidad en la gestión, mejorar la calidad y trazabilidad del dato ESG y, en particular, en el caso de los mercados, intensificar la supervisión sobre la consistencia de las afirmaciones de sostenibilidad.

Esta convergencia apunta hacia un modelo cada vez más cercano al reporting financiero, donde la trazabilidad, la consistencia y la auditabilidad del dato adquieren un papel central.

La evolución regulatoria apunta así hacia un entorno donde el dato ESG deberá alcanzar niveles de auditabilidad progresivamente más próximos a los exigidos en la información financiera tradicional.

En este contexto, la gestión del riesgo de greenwashing requiere la adopción de prácticas consolidadas, incluyendo la asignación clara de responsabilidades sobre el dato, la implantación de controles internos y la integración en el perímetro de auditoría interna.

Del reporting a la capacidad de ejecución

En definitiva, el reto no reside en ampliar el volumen de información reportada, sino en garantizar su integridad, coherencia y utilidad en la toma de decisiones.

En última instancia, el momento actual no debe interpretarse como una relajación de la exigencia, sino como una fase de madurez. El foco se desplaza desde el “qué reportar” hacia el “cómo sostenerlo”.

En este nuevo escenario, la sostenibilidad deja de ser únicamente un ejercicio de reporting para convertirse en una cuestión de gobernanza, control y capacidad de ejecución.

La credibilidad futura de las organizaciones no dependerá tanto de su capacidad para comunicar sus avances en sostenibilidad, como de su capacidad para demostrar, con rigor y consistencia, que dichos avances están integrados en la gestión real del negocio.

LA VOZ EXPERTA

Autor: Juan Jiménez Navas

Aparición en el medio Expansión

El artículo de opinión se ha publicado en el medio económico de referencia Expansión. Accede al artículo completo.

 

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